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lunes, 22 de noviembre de 2010

Quien pudiese haber vivido aquello..

fragmentos de: El mejor oficio del mundo
Gabriel García Márquez.


(...)Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.(...)

El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años - siendo el peor estudiante de derecho - empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.
La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo - como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.
La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.
Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica.

La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida.

Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.(...)


Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes. Pero el culpable se atrinchera en su derecho de no revelar la fuente, sin preguntarse si él mismo no es un instrumento fácil de esa fuente que le transmitió la información como quiso y arreglada como más le convino. Yo creo que sí: el mal periodista piensa que su fuente es su vida misma - sobre todo si es oficial- y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente.(...)


Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.(...)

sábado, 27 de diciembre de 2008

...

hay dos grandes tragedias en la vida una cuando no se tiene lo que se quiere y otra cuando se tiene.

lunes, 16 de junio de 2008

y va pasando...

-Preámbulo a las instrucciones de un reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picadero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan - no lo saben, lo terrible es que no lo saben -, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tu yo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para cumpleaños del reloj.

-Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá en ele fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los arboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, que más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, grangenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

julio Cortázar.

domingo, 11 de mayo de 2008

seguir

Perdí la esperanza, me robaron la cartera, deje pasar el tiempo sin pensar que la volvería a ver, así que la remplace por una nueva me hice nuevos carnets, y olvide la vieja, con todas sus fotos y recuerdos. Si, es lo que hago siempre pierdo la esperanza de que aquello pueda mejorar y me evado, desaparezco, es fácil y sencillo, es la vía más rápida. Entonces dejo pasar el tiempo y puede que en algún momento de melancolía y nostalgia recuerde todo lo anterior y todo lo que he cambiado y me plantee durante dos instantes ¿porqué? pero un segundo más tarde ya lo olvido y sigo a lo mio, como siempre. No lucho por esa gente por que siempre creo que ya está pedida y que para que voy a perder el tiempo, ni por ellos ni por nadie. Es egoísta, sí, pero entonces me pregunto ¿acaso ellos lo harían por mi? o lo que es peor ¿acaso alguien lo hizo por mi?,eso ... es más egoísta aun. Y pensándolo detenidamente, sí, alguien dio todo por mi y más. Y si no ¿por qué creen que están aquí?.
Dos meses más tarde encontré mi cartera estaba intacta, salvo por el dinero claro. Pero esto no fue lo único que me hizo plantearme todo esto.
Alguien que a sufrido mil veces más que yo, que aun estando en las peores condiciones, no echo a correr hacia el sentido contrario . Que si supiesen su historia nadie hubiera dado ni un duro por ella, siguió adelante, viendo como el resto se desesperaba por pequeñas cosas, practica mente sin importancia y ella en cambio no se echaba a llorar como una niña pequeña (aun siendolo) a decir que mal me va todo aun que fuese verdad. No, si hubiese hecho eso igual que yo o que el resto entonces no seria digna de admiración, ella no dudo ni un momento de lo que quería conseguir, que crean me para vosotros es algo esencial que no podrían imaginar que por ejemplo la persona que esta a su lado no tenga, es algo así en nuestras vidas como esencial y básico, yo también lo creía así. Pero dio la casualidad que alguien tan cercana a mi no lo tenia, bien pues lucho por ello y ahora lo consiguió y no fue en un día o dos, ni crean que se lo regalaron. Ella no es que tenga super poderes, o sea especial, simplemente no perdió la esperanza.

viernes, 9 de mayo de 2008

one minute

No sorporto no poder concentrarme, no poder estar quieta, no parar ni un segundo, pensar en todo lo que me ocurre sin descanso todo junto y mezclado todo hecho un caos, siempre la más despistada, siempre la más desorganizada, siempre en las nubes, siempre gritando, todo es una locura, todo me stresa, todo me agobia, todo me resulta pesado,incapaz de que algo dure bastante tiempo, todo pasa en un segundo y en mil años a la vez, nunca se como serguir, como subir un escalon más, y esto es asi normalmente cuando todo el mundo esta tranquilo y relajado y yo ya estoy volviendome loca por cualquier tonteria. Pues ahora es casi peor porque todo sucese rapido y a la vez y mi desesperación, mi no parar, mi cuesta ahora es más cuesta arriba. Odio aun más no poder contorlarlo todo, que las cosas se desvorden, que eso que quiero ahora no lo tengo, y tener algo mientras no lo quiero. Siempre creere que la vida tiene una curiosa manera de ayudarme...de enseñarme como van las cosas.